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La Coctelera
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Despedida.

No sé cómo decirlo, esto se me da fatal, pero aquí se acaba mi andadura en Libro de Arena y en La Coctelera.

Este blog se ha publicado simultáneamente en ambas páginas y en ambas he hecho amigos inolvidables, sí, pero llegó el momento de partir, por varias razones: los días en el planeta Tierra, que tienen apenas 24 horas, y yo quiero hacer tantas cosas; la novela que escribo, que me pide centrarme en ella; el sentimiento de que se ha cumplido un plazo…

Volveré, sí, dentro de unos meses. Volveré para leeros, para contactar otra vez con vosotr@s. Volveré con otro blog, con otras ideas, con otros temas.

Tanto de los amigos de La Coctelera (Angie y el caballero) como de los de Libro de Arena (Gema, Evaluna, Johanna, vin, Chispark, C….) guardaré excelentes recuerdos. Seguiré comentando en algún blog…

Ha sido un mes espléndido este que he pasado con vosotr@s.

Os tengo bien presentes.

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Encuesta.

Con el ánimo de que me conozcáis, y para responderme a mí misma algunas preguntas, he elaborado, y contestado, una encuesta.

Mi confianza: en la vida.

Mi brújula: el amor.

Mi mapa: los sueños.

Mi pasión: los caminos de la vida.

Mi maestra: la experiencia.

Mi sueño: llegar a publicar mis libros.

Un proyecto: dar clases particulares de castellano a extranjeros.

Mi estación: el verano.

Mi color: el azul.

Mi asombro: las infinitas posibilidades que nos ofrece vivir.

Una afición: escribir.

Una pasión: escuchar canciones.

Un secreto: “Viviendo un arco iris compartido”. Sigue siendo secreto.

Una virtud: soy entusiasta.

Un defecto: malas lenguas dicen que soy vanidosa.

Un recuerdo: los paseos con Saquil, mi perro.

Lo que más odio: la prepotencia.

Lo que disculpo: los celos, las personas posesivas.

Lo que admiro: la creatividad, la generosidad, la confianza.

Lo que me da pena: la renuncia, la injusticia, la necesidad, la pobreza.

Lo que sanamente envidio: la calma.

Una certeza: a pesar de los pesares, la vida es bella.

Algo bello: una sonrisa sincera.

Se que digo muy poco, que podría llenar libros sin acabar de definirme, pero aquí muestro la punta del iceberg de mi carácter, para vosotros y con todo mi cariño.

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Cabe un sueño.

Habrá, con razón, quien matice mi anterior post diciendo que en una vida plena cabe un sueño. Sí. Sí. Sí. Tiene razón. Ha sido un “olvido” imperdonable. Cabe un sueño capaz de transformar mi corazón.

La vida me ha negado algún sueño que he acariciado insistentemente. ¿Por qué? No estoy segura pero se me ocurren varias posibilidades. Tal vez todavía no ha llegado mi momento. O tal vez la vida tiene para mí un plan mejor. O tal vez ese sueño podría anular el resto de mi vida. O suponer excesivos sacrificios. No lo sé. Y tampoco importa tanto porque yo confío en la infinita sabiduría de la vida.

Puede que sea ya. O en el futuro. O nunca. No sé. Las cosas me suceden en el momento propicio en que pueden transformar alquímicamente mi corazón. Dulcemente.

Si algo he asumido en el camino es que el sentido de soñar, y de vivir, no es conquistar el mundo, no, sino transformar, pura alquimia, el propio corazón.

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Cabe todo.

Me siento apenada por aquellos que renuncian a su propia vida.

Adolescentes que abandonan amigos, proyectos, estudios, familia… todo para entregarse a un amor que muchas veces no es más que un espejismo.

Soñadores que apartan su amor a la vida y a las personas, aficiones y necesidades… para perseguir un ideal.

Místicos incapaces de asumir que la Vida, o Dios, o el Universo, o el Infinito, disfruta intensamente cuando amamos a otros seres vivos.

Personas que relegan a un segundo plano su vida personal en nombre del Trabajo.

Me apenan porque en una vida plena cabe todo. Caben los recuerdos y las promesas de futuro. Cabe el presente. Caben los amigos, la familia, la pareja y la espiritualidad. Caben las aficiones y el trabajo. Cabe la belleza. Cabe el amor. Cabes tú y quepo yo. Cabe una canción.

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El ánimo de la lluvia.

Hay una lluvia fina y menuda, la que empapa sin que te des cuenta, la que llena el ánimo de nostalgia y vuelve el aire gris. Es la lluvia de las tardes de recuerdos, de las lágrimas mansas e imposibles de reprimir. Yo sé que puedo parecer un poco ¿masoquista? pero le encuentro su punto de placer.

Me asusta, sin embargo, la furia de las tormentas de verano. Tempestades que estallan. Emociones violentas que me ayudan a conocer mis propias pasiones cuando tras el estallido llega la calma y reflexiono.

Llega la tempestad algunas veces, muy pocas, en que me siento amenazada por fuerzas exteriores a mi ser. Sucede en momentos en que me entreno a controlar el miedo, en que aprendo a confiar en que escampará, y sonrío.

Hace años, ya no, me inundaba en ocasiones la lluvia anodina del aburrimiento cuando parecía que la vida no tenía sentido. Mi entusiasmo y ganas de vivir han conjurado lejos a esa lluvia.

Hay primaveras en que me golpea el granizo, como queriendo reclamar mi atención si la lluvia quiere contarme algún secreto.

Disfruto, amiga Evaluna, cuando llueve y hace sol, y el mundo se vuelve apasionado y nace el arco iris como un pacto de amor.

Pero mi mejor momento es la lluvia alegre, la lluvia impetuosa y rítmica como una canción, la que golpea el suelo con ganas y entusiasmo, con energía, la que rebota. Esa lluvia que trae agua y vida, que me hace florecer aunque no esté exenta de problemas porque sigue siendo lluvia y complicada.

Admito que la lluvia no es cómoda, no, pero tampoco lo es el amor.

Disfruto con la lluvia, con sus matices, con su ánimo cambiante y con su inconfundible y placentero olor.

Amo la lluvia y su canción.

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Viviendo un arco iris compartido

Cuando era niña, siempre que llovía, y daba igual que fuese una tormenta o lluvia mansa, sentía una gran inquietud. ¿Y si no escampa? La historia del arco iris no conseguía tranquilizarme.

Los años me han mostrado que siempre escampa. En todo tipo de lluvia y tormentas, en las atmosféricas y en las vitales, termina por escampar. Y yo he aprendido a apreciar el arco iris, sí, pero también la tempestad.

Con orgullo digo que disfruto la lluvia y la tormenta, incluyendo aquí borrascas emocionales. Vivo inmersa en la fe en que escampará. ¿Qué mérito tiene apreciar el arco iris? Ninguno. Lo admirable es sonreír en pleno aguacero, cuando parece que el cielo, o las lágrimas, vayan a desplomarse sobre el mundo. Por eso me siento orgullosa de sonreír ante la lluvia.

Doy un paso más: en plena tormenta mi alma habita el arco iris, compartido, siempre compartido, cómo no, pues en soledad no tendría sentido.

Para mí el arco iris es un estado de ánimo, sí, pero también un puente hacia el infinito. Y un pacto con la vida.

Me encanta como huele el aire cuando escampa.

4

Esa mirada.

Juego a seducir, sí, me acerco, me alejo, enredo, sonrío, canto… porque es mi esencia, mi forma de ser, lo que me alegra, pero no pretendo obtener privilegios con mis artes. No. No soy tan interesada.

Mi privilegio es esa mirada de unos ojos que se prendan en mí. Y cuando hablo de seducir no me refiero a conseguir amantes o parejas, jamás fue ese mi objetivo, sino a enredar a las personas y seres que han logrado conquistar mi corazón.

Sé que todos los seres son dignos de amor, lo sé, ¿pero acaso cabe tanto amor en un corazón? Mi corazón ha elegido a unos cuantos, muy pocos, que simbolizan a la totalidad de los seres del Universo.

Que nadie se equivoque. Soy discreta. Soy tímida. Soy seria. Pero sé enredar.

Y ahora recuerdo. Recuerdo unos enormes, hermosos y expresivos, ojazos castaños que hasta hace dos años me miraban con amor, con gratitud, con admiración, absolutamente embelesados. No está. Era de esperar porque para todos, yo incluida, la estancia en este planeta está marcada por un final.

Murió Saquil, mi perro, como moriremos todos. Y, sin embargo, su mirada, esa mirada, está presente formando parte de mi vida. Y hoy le recuerdo absolutamente entregado a mis enredos.

Me consuelo. Y sospecho que Saquil fue inmensamente feliz, que tuvo una buena vida. Sospecho y recuerdo.

2

Probando a seducir a la realidad.

No me fío de lo que leo. No, a menos que pueda experimentarlo en mi cuerpo, en mi mente, en mi alma.

Leo libros de autoayuda pero no me fío. No me creo que, para mí, se hagan realidad esas teorías. Hay ideas seductoras, sí, pero yo solamente me guío por la experiencia. Ese es el motivo de que haga pruebas cuando algún libro me seduce. Leo “El círculo” y escribo cuentos de realidad. Leo “El secreto” y lleno páginas con afirmaciones positivas. Convierto los libros en experiencias y cuando afloran en lo cotidiano, solamente cuando he testado en mi realidad lo que dicen, me atrevo a pensar que pueden ser ideas coherentes.

Intento reflexionar a partir de lo cotidiano, de lo que vivo, porque los libros son adecuados para quien los escribe, sí, pero cada vida es diferente. Mi realidad difiere mucho de la de Paulo Coelho.

Entre tanto mis vivencias diarias me acercan a nuevos caminos. Estoy probando a seducir a la realidad. Con afirmaciones, con pensamientos, con cuadernos, con canciones, con conversaciones, con juegos, con verdades, con halagos… seduzco a la Vida, la enredo, la embeleso. Reconozco que me gusta enredar. Y es fantástico obtener resultados. A veces la realidad se vuelve mágica y juega mi juego. Y enreda. Me refiero al ámbito de las sorprendentes casualidades, de las experiencias originales…

Seduzco a la vida y ella se vuelve azul como el mar. O gris como una nube cargada de lluvia. O amarilla como la luz. Y a mí me gusta pensar que estoy Viviendo un arco iris compartido.