No me fío de lo que leo. No, a menos que pueda experimentarlo en mi cuerpo, en mi mente, en mi alma.

Leo libros de autoayuda pero no me fío. No me creo que, para mí, se hagan realidad esas teorías. Hay ideas seductoras, sí, pero yo solamente me guío por la experiencia. Ese es el motivo de que haga pruebas cuando algún libro me seduce. Leo “El círculo” y escribo cuentos de realidad. Leo “El secreto” y lleno páginas con afirmaciones positivas. Convierto los libros en experiencias y cuando afloran en lo cotidiano, solamente cuando he testado en mi realidad lo que dicen, me atrevo a pensar que pueden ser ideas coherentes.

Intento reflexionar a partir de lo cotidiano, de lo que vivo, porque los libros son adecuados para quien los escribe, sí, pero cada vida es diferente. Mi realidad difiere mucho de la de Paulo Coelho.

Entre tanto mis vivencias diarias me acercan a nuevos caminos. Estoy probando a seducir a la realidad. Con afirmaciones, con pensamientos, con cuadernos, con canciones, con conversaciones, con juegos, con verdades, con halagos… seduzco a la Vida, la enredo, la embeleso. Reconozco que me gusta enredar. Y es fantástico obtener resultados. A veces la realidad se vuelve mágica y juega mi juego. Y enreda. Me refiero al ámbito de las sorprendentes casualidades, de las experiencias originales…

Seduzco a la vida y ella se vuelve azul como el mar. O gris como una nube cargada de lluvia. O amarilla como la luz. Y a mí me gusta pensar que estoy Viviendo un arco iris compartido.