Juego a seducir, sí, me acerco, me alejo, enredo, sonrío, canto… porque es mi esencia, mi forma de ser, lo que me alegra, pero no pretendo obtener privilegios con mis artes. No. No soy tan interesada.

Mi privilegio es esa mirada de unos ojos que se prendan en mí. Y cuando hablo de seducir no me refiero a conseguir amantes o parejas, jamás fue ese mi objetivo, sino a enredar a las personas y seres que han logrado conquistar mi corazón.

Sé que todos los seres son dignos de amor, lo sé, ¿pero acaso cabe tanto amor en un corazón? Mi corazón ha elegido a unos cuantos, muy pocos, que simbolizan a la totalidad de los seres del Universo.

Que nadie se equivoque. Soy discreta. Soy tímida. Soy seria. Pero sé enredar.

Y ahora recuerdo. Recuerdo unos enormes, hermosos y expresivos, ojazos castaños que hasta hace dos años me miraban con amor, con gratitud, con admiración, absolutamente embelesados. No está. Era de esperar porque para todos, yo incluida, la estancia en este planeta está marcada por un final.

Murió Saquil, mi perro, como moriremos todos. Y, sin embargo, su mirada, esa mirada, está presente formando parte de mi vida. Y hoy le recuerdo absolutamente entregado a mis enredos.

Me consuelo. Y sospecho que Saquil fue inmensamente feliz, que tuvo una buena vida. Sospecho y recuerdo.