Hay una lluvia fina y menuda, la que empapa sin que te des cuenta, la que llena el ánimo de nostalgia y vuelve el aire gris. Es la lluvia de las tardes de recuerdos, de las lágrimas mansas e imposibles de reprimir. Yo sé que puedo parecer un poco ¿masoquista? pero le encuentro su punto de placer.
Me asusta, sin embargo, la furia de las tormentas de verano. Tempestades que estallan. Emociones violentas que me ayudan a conocer mis propias pasiones cuando tras el estallido llega la calma y reflexiono.
Llega la tempestad algunas veces, muy pocas, en que me siento amenazada por fuerzas exteriores a mi ser. Sucede en momentos en que me entreno a controlar el miedo, en que aprendo a confiar en que escampará, y sonrío.
Hace años, ya no, me inundaba en ocasiones la lluvia anodina del aburrimiento cuando parecía que la vida no tenía sentido. Mi entusiasmo y ganas de vivir han conjurado lejos a esa lluvia.
Hay primaveras en que me golpea el granizo, como queriendo reclamar mi atención si la lluvia quiere contarme algún secreto.
Disfruto, amiga Evaluna, cuando llueve y hace sol, y el mundo se vuelve apasionado y nace el arco iris como un pacto de amor.
Pero mi mejor momento es la lluvia alegre, la lluvia impetuosa y rítmica como una canción, la que golpea el suelo con ganas y entusiasmo, con energía, la que rebota. Esa lluvia que trae agua y vida, que me hace florecer aunque no esté exenta de problemas porque sigue siendo lluvia y complicada.
Admito que la lluvia no es cómoda, no, pero tampoco lo es el amor.
Disfruto con la lluvia, con sus matices, con su ánimo cambiante y con su inconfundible y placentero olor.
Amo la lluvia y su canción.

Precioso,sinceramente,precioso.Espero que seamos muchos los que coincidamos contigo en sentir esa lluvia,llena muchas veces de recuerdos y otras muchas de nostalgias.
Saludos cordiales.
Muchas gracias, Caballero, es confortante saber que aprecias mis escritos.
Un abrazo,
aaah! La lluvia... yo adoro la lluvia. Me encanta escucharla cuando susurra. cuando grita me asusta. jeje
Repito lo que habia puesto en unos de tus preciosos posteos anteriores: Hay que sonreír a la tormenta. Aunque cueste. No hay que dejar que el miedo paralice, sino que hay que tener fe... en que ese maravilloso despliegue de colores llamado arcoiris aparecerá en el horizontes para calmar la tormenta. Es como la mano de Dios alzándose por el cielo, imponiendo silencio... imponiendo calma.
Te admiro profundamente. De tus escritos saco esencias que no en todas partes puedo rescatar.
Saludos.
Hasta la proxima.!!!
Hola Angie, es verdad: no hay que dejar que el miedo paralice. Siento que la vida es un constante desafío.
Disfruto si te gustan mis escritos. Gracias por estar ahí.
Un besazo,