Habrá, con razón, quien matice mi anterior post diciendo que en una vida plena cabe un sueño. Sí. Sí. Sí. Tiene razón. Ha sido un “olvido” imperdonable. Cabe un sueño capaz de transformar mi corazón.

La vida me ha negado algún sueño que he acariciado insistentemente. ¿Por qué? No estoy segura pero se me ocurren varias posibilidades. Tal vez todavía no ha llegado mi momento. O tal vez la vida tiene para mí un plan mejor. O tal vez ese sueño podría anular el resto de mi vida. O suponer excesivos sacrificios. No lo sé. Y tampoco importa tanto porque yo confío en la infinita sabiduría de la vida.

Puede que sea ya. O en el futuro. O nunca. No sé. Las cosas me suceden en el momento propicio en que pueden transformar alquímicamente mi corazón. Dulcemente.

Si algo he asumido en el camino es que el sentido de soñar, y de vivir, no es conquistar el mundo, no, sino transformar, pura alquimia, el propio corazón.